Claudia Leslie Aguilar Rojas
Si me preguntaran que quiero el día que yo muera, les diré que si van a ir a despedirme, los esperaré con un café caliente, o un café irlandés, un vodka para calentar el frío de la noche y no llorar las despedidas.
Les diré que no quiero flores, ni rosas hermosas, porque considero que ese es solo un negocio que se inventó la floristería para ganar a costa de los muertos que ya no pueden oler nada en esta vida.
Les pediré que por favor no me despidan con formalismos; ni trajes grises; ni sombríos, no quiero nada de vestidos de color negro triste y desolado.
Porque segura estoy que en aquel preciso momento mi espíritu ya se habrá preparado para la transmutación final y será tan libre como el viento tibio.
Porque segura estoy que en aquel preciso momento mi espíritu ya se habrá preparado para la transmutación final y será tan libre como el viento tibio.
Quizás yo los observe detenidamente detrás del velo de la muerte física, entonces los esperaré para despedirnos con un color que amalgame todos los colores, los esperaré vestidos de un traje blanco.
Y si así van, creeré que comparten conmigo mi momento más trascendental y mi búsqueda de la luz eterna.
Eso porque yo también pediré partir de blanco en cuerpo físico, porque segura estoy que al cruzar la línea inicial divisoria , mi alma y mi espíritu estarán invadidos con certeza de aquel color blanquecino.
Y si así van, creeré que comparten conmigo mi momento más trascendental y mi búsqueda de la luz eterna.
Eso porque yo también pediré partir de blanco en cuerpo físico, porque segura estoy que al cruzar la línea inicial divisoria , mi alma y mi espíritu estarán invadidos con certeza de aquel color blanquecino.
Les pediría que no hablen en susurro; si no que recuerden mis mejores momentos de vida, que se echen un cuento, que alaben a la vida, que no pierdan un minuto llorando mi partida.
Quizás yo haya previsto para entonces, un poco de diversión y poesía, un poco de música para mi despedida.
Por favor, no susurren, no vistan de negro, no me lleven flores; pero si al final de cuentas algo quieren llevar entre las manos, entonces agradecería un buen libro. Y no se sorprendan, ya que el libro no es para mí, yo no tendré tiempo de leerlo en esta vida. Es para aquellos que quedan.
Un buen libro o un pequeño presente de consuelo para aquellos seres vivos que tendrán que vivir con mi ausencia y que compartieron conmigo muy de cerca esta vida. Un buen libro para mi hijo, para mi hermana, para mi familia, o para quien esté devastado por mi partida, algo que le sirva a él o ellos a entender que no hay motivos para la muerte, sino que la muerte es el motivo: el motivo para ascender.
Un buen libro o un pequeño presente de consuelo para aquellos seres vivos que tendrán que vivir con mi ausencia y que compartieron conmigo muy de cerca esta vida. Un buen libro para mi hijo, para mi hermana, para mi familia, o para quien esté devastado por mi partida, algo que le sirva a él o ellos a entender que no hay motivos para la muerte, sino que la muerte es el motivo: el motivo para ascender.
Eso, es lo que yo les pediría, para el día que tenga como todos... que partir.

No lloren, no susurren, no vistan de negro, no me lleven flores..solo alaben la vida y no pierdan tiempo en llorar mi partida.
Despídanse a sabiendas de que al otro lado, absolutamente todos llegaremos un día. Yo solo estaré preparándome para esperarlos cuando a ustedes les toque transmutarse también, como parte del destino final y liberarse del peso de morar en un frágil y débil cuerpo, esclavo en esta vida.

No lloren, no susurren, no vistan de negro, no me lleven flores..solo alaben la vida y no pierdan tiempo en llorar mi partida.
Despídanse a sabiendas de que al otro lado, absolutamente todos llegaremos un día. Yo solo estaré preparándome para esperarlos cuando a ustedes les toque transmutarse también, como parte del destino final y liberarse del peso de morar en un frágil y débil cuerpo, esclavo en esta vida.