Claudia Leslie Aguilar
Tomo el boleto de bus huyendo de mi pasado, de aquellos ojos grises y la sonrisa
de ángel negro caído.
Observo la gran carretera que se abre paso hacia un futuro y un destino desconocido. No sé cuál es el final del camino, sólo deseo escapar de aquellos brazos que me aprisionaban a un amor tortuoso y explosivo.
Observo la gran carretera que se abre paso hacia un futuro y un destino desconocido. No sé cuál es el final del camino, sólo deseo escapar de aquellos brazos que me aprisionaban a un amor tortuoso y explosivo.
Al lado izquierdo, un muchacho busca infructuosamente conversación con la chica del traje negro deportivo. ¿No sabe
que muchos prefieren el silencio en vez de hablar con un insistente desconocido? Que
muchos precisamos escuchar solo el murmullo de nuestra voz interior, no sabe
nada del silencio urgente. Qué impertinencia.
Yo, había dejado todo, el trabajo, mi familia y
apenas llevaba la ropa en el cuerpo para disimular mi huida. Pronto desaparecerían los moretones en mis piernas, pero los moretones del
alma no podré sanarlos fácilmente, de eso estoy segura, ésta vez ha ido muy lejos. No hay un solo espacio en mis piernas qué no tengan sus golpes.
Él va a buscarme. Pedirá
perdón una vez más, sin saber que ya no podré perdonarlo, nunca más. Estoy segura que lo volverá a hacer, volverá a golpearme "¿Y si busca a mis padres? Si rastrea
mis llamadas, o consigue mi nueva dirección, aquella que yo ni siquiera todavía conozco. Sé que es capaz de todo por encontrarme, en nombre del amor".
El dolor de cabeza me mata. Me gustaría
conversar con la mujer mayor que está a mi lado, tiene una sonrisa serena y
una voz pausada, debería contarle todo y llorar en su regazo sin temor a ser
descubierta; ni juzgada.
Dudo, la observo mientras ella se recuesta cómodamente en su asiento sin mirarme. Quisiera decirle llorando que preciso conversar con alguien, con ella; pero temo ser inoportuna o que para nada le importe lo que voy a contarle. Seguramente ella también valora sus silencios. Los que yo guardé por años.
Acomodo mis gafas oscuras mientras siento como las lágrimas saladas recorren mi rostro asustado, bebo de ellas sin querer y las limpio rápidamente. Nadie puede verme llorar, siento vergüenza. Pero al final, ya qué más da…
Oscurece de golpe.
Dudo, la observo mientras ella se recuesta cómodamente en su asiento sin mirarme. Quisiera decirle llorando que preciso conversar con alguien, con ella; pero temo ser inoportuna o que para nada le importe lo que voy a contarle. Seguramente ella también valora sus silencios. Los que yo guardé por años.
Acomodo mis gafas oscuras mientras siento como las lágrimas saladas recorren mi rostro asustado, bebo de ellas sin querer y las limpio rápidamente. Nadie puede verme llorar, siento vergüenza. Pero al final, ya qué más da…
Oscurece de golpe.
Las luces interiores del bus se apagan y la
carretera se ilumina con los faroles del gran motorizado azul. Este viaje es interminable...
No puedo más, siento miedo y un cansancio extremo a la vez.
Las fuerzas me fallan y mi razón se nubla. Tiemblo de la cabeza
a los pies. Las dudas me invaden y marean. No consigo controlar este miedo intenso.
Me encontrará y conseguirá con amenazas hacer que regrese a su lado. Debo escapar de todo, huir; pero ¿dónde? Tengo que salvarme, olvidarlo para siempre, quitarlo de mi alma.
¿Cómo se puede amar aquello que te hace daño?
De pronto una voz me dice que hacer…solo hay una forma. Sólo esa, es la única. Esa voz…me aturde.
Las fuerzas me fallan y mi razón se nubla. Tiemblo de la cabeza
a los pies. Las dudas me invaden y marean. No consigo controlar este miedo intenso.
Me encontrará y conseguirá con amenazas hacer que regrese a su lado. Debo escapar de todo, huir; pero ¿dónde? Tengo que salvarme, olvidarlo para siempre, quitarlo de mi alma.
¿Cómo se puede amar aquello que te hace daño?
De pronto una voz me dice que hacer…solo hay una forma. Sólo esa, es la única. Esa voz…me aturde.
A tientas busco la botella de agua y mis
pastillas para dormir. Estoy decidida. Prefiero dormir y no pensar. Que el tambor continuo que
repica en mi cabeza termine. Que la carretera se acabe. Que la luz se apague y
baje el telón de este teatro grotesco, de mi teatro fantasmal.
Una voz me suplica: - No, no…por favor no lo hagas - Y se desespera. No quiero escucharlo. Es más fácil dormir...
Una voz me suplica: - No, no…por favor no lo hagas - Y se desespera. No quiero escucharlo. Es más fácil dormir...
Tomo una pastilla y respiro, luego dos. Tomo de a poco la botella entera., con una extraña lentitud, la lentitud de un sentenciado ...
Una, cuatro, treinta y dos. Al final, es la única forma que el hermoso ángel
negro no me encuentre jamás. Quizás debí conversar con la mujer de la voz
pausada. Quizás debí decirle….decirle, que….que….precisaba solo hablar con
alguien….con ella. Decirle que precisaba olvidar y huir. Quizás…debí pensar
mejor….confiar en que todo saldría bien, confiar en alguien. Creer en Dios. O confiar en mí, solo en mí...
No puedo reaccionar.
Todo mi cuerpo esta adormecido. Intento levantar la cabeza; pero un abismo negro se abre y me aprisiona por la espalda como si fuera un pulpo oscuro y tenebroso.
Todo mi cuerpo esta adormecido. Intento levantar la cabeza; pero un abismo negro se abre y me aprisiona por la espalda como si fuera un pulpo oscuro y tenebroso.
Mi cabeza está pesada, ingresa en un vértigo desesperante. Horrible. Tengo miedo. No veo la luz.
Todo está oscuro en mi cabeza. Ya no consigo ver las luces del bus en la carretera. Intento mover mi cuerpo; pero él no me
obedece. Quiero gritar, pedir que alguien me ayude; que me he tomado la botella
entera de pastillas; pero mis labios no responden a la orden de mi cerebro.
Apenas puedo escuchar el ruido seco de la botella de las pastillas de dormir cayendo de mi mano al suelo. Nadie se percata que recorre vacía entre los asientos del bus como una señal de auxilio desesperado. Todos duermen, el silencio es cómplice...
Apenas puedo escuchar el ruido seco de la botella de las pastillas de dormir cayendo de mi mano al suelo. Nadie se percata que recorre vacía entre los asientos del bus como una señal de auxilio desesperado. Todos duermen, el silencio es cómplice...
La pesadez de mi cuerpo se hace
intensa, ya no coordino, apenas puedo pensar…Es desesperante esta inamovilidad.
Este abismo que me abraza es aterrador, me jala dolorosamente.
Tengo miedo. Quiero gritar y no puedo moverme.
Tengo miedo. Quiero gritar y no puedo moverme.
"¿Qué he hecho?¿Qué hice?...Dios mío...perdóname, perdonáme"...
Seguro mañana alguien intentará despertarme
sin resultado alguno, revisarán mis bolsillos y encontraran mis registros del celular
y alguien llamará a casa.
Escucho sonar el teléfono blanco en el living. Y veo a mi madre gritando y llorando, la puedo ver desde aquí. Mi padre palidece y cae sentado en el sofá y mis hermanas se abrazan llorando...
Escucho sonar el teléfono blanco en el living. Y veo a mi madre gritando y llorando, la puedo ver desde aquí. Mi padre palidece y cae sentado en el sofá y mis hermanas se abrazan llorando...
Les he partido el corazón y he desgarrado sus almas...perdónenme, por Dios, perdónenme...si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y pedir ayuda...
Dedicado a aquellas personas que piensan erróneamente que después de las pesadillas diurnas, no sale el sol.
Siempre hay una luz al final del camino e inicia denunciando a los agresores y pidiendo ayuda.
Que este relato, ficticio, nunca tenga un personaje real, nunca jamás.
